El Castillo Interior (O Las Moradas)

Aquellas cancelas de Oro,
tan lejanas y cerradas,
no tienen llave con las que yo las abra.

Lejos estoy además de las Puertas de Perlas,
y me siento a cada paso,
peregrino que parte a rumbo incierto.

Pero en la claridad de la noche
puedo ver, como a través de un agujero,
lo que hay dentro de aquel Edén.

Y mi ojo llora y ríe, pasando una y otra vez
de la desolación de verme fuera
al consuelo de poder verlo.

Mi Castillo, que es mío,
que está tanto fuera como dentro,
y en todas partes y en ninguna a la vez.

Quien esto comprende, sabe el Secreto.

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