Las 27 noches de Vicente Valentín.

Primera Noche

El 27 es un número mágico. Es el número de los suicidas, de los desterrados del mundo, de los genios y de los incomprendidos. El 27 es un número que indica el paso o la transición de la vida de joven adulto, a la de adulto. Vicente Valentín tenía 27 años y sufría una crisis vital.

Las crisis vitales actuales están determinadas por varios factores. Quizás el más importante de ellos era el engaño global, e igualmente específico, que Vicente Valentín había sufrido durante toda su vida, engaño que se resumía en mantener una igualdad entre “estudiar” y “prepararse”. Con una edad en la que la experiencia profesional le debería haber marcado el rumbo, se veía sin ella a causa del estudio que tan enconadamente le habían recomendado desde su infancia.

Las diligentes hormiguitas se transformaban en indolentes cigarras de la noche a la mañana, y Vicente Valentín se miraba admirado cómo todo lo que había hecho hasta aquel entonces, todos sus pasos, todas sus aspiraciones, desaparecían en el fluido del tiempo. El sentido de su vida se le iba escapando de las manos, y la depresión entraba a raudales por las puertas abiertas de su consciencia. Sufría la perplejidad asociada a los shocks post-traumáticos en una escala indeterminada de ambigüedad. Y allí estaba, tendido sobre la cama, sufriendo de insomnio. Un mar de pensamientos se agolpaban sobre él, y con su presión le reducían al tamaño de una pelota en posición fetal. Se encontraba soportando lo que nadie había sido capaz de determinar aún, el peso de la vida.

La vida es un matraz, un alambique. El alambique arde con la pasión de quienes quieren vivir, y la materia básica, la vida individual, se refina por las presiones de las paredes de ese alambique, las normas y condiciones socioeconómicas. Pero todo iniciado sabe que la piedra ha de pudrirse antes de brillar, y que es ese punto del proceso en el que la Obra es atacada con más virulencia por sus propios ácidos. El 27 es el grado de calor del fuego. Y Vicente debería de soportarlo o morir en el intento.

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