Las Mil Grullas.

Cuentan los más viejos del lugar que la capilla de Kohen, la que escucha las peticiones de los escritores y cuentacuentos, se erigió en un día por una bandada de mil grullas. La realidad sin embargo, en este caso, supera a la ficción.

Siendo Taotomi Munemasa Adelantado de su Majestad Imperial el Mikado para estas tierras, un zorro blanco de dos colas se le apareció en sueños a una aldeana de una villa remota de las montañas que se llamaba Hana, pero que todos apodaban “Azuki” por ser dulce como la pasta de judías rojas. El zorro le habló con voz humana: “Se ha levantado un nuevo Buda en el Oeste, que vendrá a estas tierras”-le dijo- “y barriendo la impiedad, la purificará de espíritus. Mas algunos de nosotros queremos permanecer, pues no hacemos el mal quedándonos junto a los hombres, sino que muy al contrario, hacemos prosperar sus campos y sus negocios. Te hemos visto digna de dar este mensaje a quien quiera oírlo y mandamos hacer construir una capilla que Nos albergue en aquellos momentos en los que en esta tierra será hollada por los pies de aquel Dignisimo Iluminado.” Eso dijo el zorro- o al menos así lo recoge Motomachi Michio, secretario del Adelantado, incluyendo mucho de su cosecha.

Azuki pronto lo dijo a sus conocidos de la villa, que sabiendo la bondad de la joven, no dudaron de su palabra ni de su misión divina. Pronto se pusieron manos a la obra, mas la villa era pequeña y escasos sus recursos para siquiera poner los cimientos de la capilla, por no hablar de los muchos intermediarios que debían procurarse para su correcta sacralización: maestro de ceremonias, sacerdote, adivino…Siendo así, la villa, con unos pocos obsequios, envió a Azuki ante Munemasa, pidiendo una audiencia para que explicara el asunto.

“El día tal y tal, a fecha de tal año. Una pueblerina ha pasado por la Gran Puerta del Sur en carro, cargado de alimentos y unas pocas telas de mediana calidad. Ha sido llamada a audiencia ante Nuestro Señor Munemasa, Amo de estas tierras por mandato de Su Alteza Imperial , el Sacratísimo Mikado. Ante Nuestro Señor ha expuesto su caso: Señala que su aldea busca la construcción de una capilla por mandato de los Espíritus que moran en la montaña, mas que no teniendo recursos, necesita de Nuestro Gran Señor y su piedad para llevarla a fin.”- señaló el Secretario.

Hablaron en la entrevista del sueño del zorro, y Azuki, que era terriblemente buena contando historias, engalanó el mismo con datos hermosos y fantasiosos: El zorro tenía en su cuello a la luna de plata, y en su espalda al sol de oro, y sus ojos eran tan expresivos como dos azules zafiros; volaba con las patas, incendiadas el fuego de mil colores, y se posó sobre la Pagoda del Cielo; brillaba como mil centellas… y así, su sueño se transformó en un mito. Munemasa cayó encandilado por sus palabras. Cuando llegó el tiempo de despedirla, se quedó pensativo.

Aquella noche, Munemasa soñó con un zorro de dos colas. Al día siguiente, pidió que buscaran a Azuki, que aún se encontraba como huésped en el castillo, y que la trajeran inmediatamente ante su presencia. Munemasa afirmó haber visto a aquel zorro del que Azuki le habló, y lo consideró señal divina. Despidió a la aldeana asegurándole que todo estaría listo en menos de una semana para la construcción de la capilla.

El nombre del maestro carpintero que alzó su planta era Senbatsuru no Koma, o Koma de las Mil Grullas.

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