Del carácter del Poeta.

Platón, en su República, indica que el Poeta es, por así decirlo, un ser incómodo para la comunidad. Es incómodo porque el Poeta es una patente inutilidad, y sólo puede ser útil en el grado en que sus fantasías adoctrinan al común para alcanzar lo “mejor”- la τιμή, el honor cívico (que no civil)- el saber comportarse en sociedad. Platón sólo idea dos posibles soluciones para aquellos poetas que no se avengan a las consideraciones de los dirigentes de aquella ideal ciudad, el destierro o la muerte.

El Poeta es por un lado, un ser moral: Entendiendo “Moral” por aquel individuo que señala el “Debería ser” frente al “Ser” de las cosas. Efectivamente, el Poeta trabaja no con aquello que Es, sino con aquello que “Debería ser” y en este sentido, es un arma de doble filo, porque es un crítico sempiterno de cualquier sociedad, incluida la que Platón pretende reflejar. Podríamos también preguntarnos si en la Utopía de Moro o en la Ciudad del Sol de Campanella hay Poetas. Que yo haga memoria, al menos en Utopía, no recuerdo que Moro hiciera especial hincapié en la poesía sino en la Retórica y la Música (en el Trivium y el Quadrivium), que si bien son hermanas de la Poesía, no son ella misma. Podríamos decir que en las sociedades utópicas, no es posible la poesía puesto que el papel crítico del poeta no obtiene materia prima con la que trabajar: Efectivamente, allí donde no hay pobreza, calamidad, miedo a la Muerte o a la Vida, hay muy poca posibilidad de tratar esos temas. Pero ¿Y el Amor?

El Poeta puede tratar el Amor y los goces sensoriales, evidentemente, pero queda muy empobrecido en su arsenal cuando no es posible la comparación. En sí mismo, amamos lo que amamos por una “sombra” en la existencia que nos amenaza con arrebatarnos esos placeres. Sabemos que el deseo es temporal y que el dolor está en todas partes, y por eso atesoramos esos momentos como gemas, por eso los valoramos, y por eso los cantamos. En un mundo en el que el dolor queda abolido por el placer, nada es placer porque precisamente todo es placer. Es el estado natural de las cosas y al no existir comparación posible con el dolor de la pérdida, del arrebato, del duelo, tampoco es algo excepcional que merezca ser cantado.

Por otro lado, el Poeta también resulta un ser “inmoral”, o al menos “amoral”: Si por “Moral” entendemos su significado más etimológico: la serie de costumbres que rigen nuestro comportamiento en sociedad. El Poeta no encaja en ella, precisamente por su valor crítico, y de ahí deviene su “inmoralidad”, en su incapacidad para adecuarse a la situación social y callar su voz. En este caso, es una inmoralidad necesaria y aunque su gusto parezca más ligado a espantar a la Burguesía, no por ello es menos valiosa su intervención. El Poeta es aquí el Loco, el individuo que oye una voz que el resto no puede o no quiere oir y que nos la grita.

Es un crítico, voluntario o involuntario, pero siempre un crítico.

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