Vivir en la Rueda (III)

La Dermatitis ha venido y nadie sabe cómo ha sido. Bueno, sí, hay una ligera sospecha (el polvo de mi escritorio), que ha hecho saltar las alarmas de mi sobreprotector sistema inmunitario, y ayer por la noche me regaló el divino don de la hinchazón periorbital. De nuevo, se deshinchará, me volverán mis grietas y arrugas, mis ya inseparables cicatrices y mi piel seca cuan papel de lija.

Es vergonzoso mostrar la cara así. Diría que el ser humano es sólo un mono presumido, para muestra yo mismo. Pero esa afirmación no deja de tener cierta verdad. Quizás en un futuro próximo, como dice una amiga, los avances tecnológicos permitan “repararme”, un poco de chapa y pintura. Por ahora sólo veo esa hipótesis bastante lejana entre pruritos y comezón. Por ahora, las gafas de sol parecen un buen avance en prótesis faciales para evitar mostrar lo que no quiere que se vea. Decir a un “dermatitoso”(por favor señores de la RAE incluyan este neologismo sí o sí) que no se rasque los sarpullidos es como decir a un paciente terminal que no se muera: A la persona que lo dice le suena bien, hasta coherente, pero al que lo escucha no deja de parecerle burlón el asunto. No rascarse no es una opción, tarde o temprano, consciente o inconscientemente, el cuerpo reacciona precisamente atacando al lugar en donde le pica con lo que mejor entiende, las uñas.

Cuando se me deshinchen los ojos, regresará la piel seca, las marcas y lidiar de nuevo con el asunto. Es cansino sin duda. En los peores momentos pienso que me saldría más a cuenta quedarme ciego, pese a que ya me haya comentado otro amigo que eso no elimina el problema de base, los párpados. En la desesperación uno no piensa bien, es lo único que puedo decir en mi descargo. Por ahora quererse a uno mismo es muy difícil cuando tu cuerpo hace todo lo que esta en su mano para desmentirte: ¿Cómo amar a esta cosa rota y problemática que me da tantos quebraderos de cabeza? Es como no querer deshacerse del coche roto, de la bombilla fundida, o del agujero del techo por el que se cala la vivienda sólo porque venían así. Algunos sólo han nacido con un techo con agujero, una bombilla fundida y un coche roto. Y no tienen otro.

Tampoco verse en el espejo de las nuevas tecnologías mejora el asunto, en todo caso, deprime más, hasta el punto de que uno se plantea si le vale la pena interactuar con un mundo que manda al fin y al cabo señales tan disparejas: Ámate como eres, pero sólo si tienes la piel perfecta y reluciente, las medidas estándares y eres convencionalmente atractivo ¿Absurdo? Hasta la última coma. Es mero marketing, claro. Sólo es una pretensión para vender más. Pero hacia ese mundo vamos. Y es más deprimente saberlo.

Y mientras, yo y mis cicatrices. Dostoievsky decía, con aquella introspección del psicólogo humano que era, y lo diré como lo recuerdo (y no la cita exacta porque no tengo buena memoria) que quien no sufre sólo puede crear obras mediocres. Pero lo que se callaba el muy gamberro es que no es necesario sufrir para crear grandes obras. La visión del artista consumido por su arte es un prejuicio del Romanticismo. Y tampoco sé qué hacer con este sufrimiento excepto desahogarme y escribir. No es que pueda formar parte de la cultura popular con ello: Sólo venden las caras bonitas, y no las rotas y magulladas. Y aunque vendieran estas últimas, ¿no es una especie de morbo? Yo sentiría que sólo soy un ejemplar de exhibición para mostrar enfermedades. Un velo negro y tupido, eterno como la noche en el espacio, sería mi más hermosa coraza. Que nadie me vea, que nadie me observe en la oscuridad de un sufrimiento, de una vergüenza. Que me entierren en la soledad del olvido. Qué melodramático.

Ciertamente soy un mono con ínfulas. A veces imagino que Dios, si existiese realmente, sólo me ha hecho para sufrir y para mostrarme humildad. Como si quien ha nacido para la grandeza fuese verdaderamente humilde (cosa que es evidentemente falsa). Otras veces me río de mi propia vanidad: Personas con amputaciones, con enfermedades verdaderamente graves, posiblemente me darían una lección de felicidad y aceptación que necesitaría. Pero en la soledad del lecho, cuando uno esta solo consigo mismo, regresa una pregunta inacabada ¿Y si…?

¿Y si no me hubiera pasado a mí? ¿Y si hubiera elegido esto en lugar de aquello? ¿Y si hubiera vivido de esta forma mejor que de aquella otra? El infierno son los otros, dice Sartre. Otra mentira, el Infierno es uno, los demás son las paredes que lo contienen.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s