Los momentos del ascensor

La aguja de la palabra lacera el cristal del silencio,
puntada sin hilo,
nos decimos frases hechas, de un día a día sin sentido,
los cabos sueltos que jamás se ataron
se mantienen ondeantes en el maltrecho suelo,
donde va a parar mi mirada,
porque no quiero verte, no quiero
porque me dueles, me digo.

Si mañana no puedo verte, no podría pensarte,
pero no puedo decirte “Te quiero”, “Oye, ¿Sabes que te quiero?”
porque sería como mostrarte un costado
y morirme. Y si muero porque me dices “Mi corazón está ocupado”
¿Cómo podría seguir acudiendo
y charlar de nada, del tiempo, de las noticias que nunca nos pasan?

Prefiero callar y seguir sufriendo,
y dar puntadas sin hilo
y romper cristales de silencio.

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